Con base en los casos recientes de justicia transicional en Argentina, Colombia y Guatemala, se evidencia que la construcción de las sociedades democráticas en América Latina depende de la relación indisoluble entre memoria y justicia. Recordar no es solo un acto de evocación histórica, sino una condición ética para reconocer a las víctimas, nombrar a los perpetradores y comprender las dinámicas estructurales que permitieron la violencia estatal. Solo cuando una sociedad asume plenamente su pasado puede trazar una transición auténtica hacia un orden democrático basado en la verdad, la reparación y la no repetición. Las acciones para alcanzar la justicia — como las que se proponen en esta muestra— exigen transformar instituciones, garantizar derechos y construir un futuro en el que la dignidad humana sea el eje rector.

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